Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad of Massachusetts (UMMS, Worcester, EUA) realizaron un estudio prospectivo previo y posterior con 6.290 adultos admitidos a cualquiera de las 7 unidades de cuidados intensivos (3 generales, 3 quirúrgicas y una cardiovascular) de los dos campus de un centro médico académico desde abril de 2005 hasta septiembre de 2007. Fueron evaluados los tiempos de respuesta médica a las alarmas y los procesos de creación de un plan de atención y cumplimiento de buenas prácticas, con apoyo y control electrónicos. Las principales medidas de resultados fueron la mortalidad en el hospital, ajustada según la combinación de los casos y según su gravedad, así como la estancia en el hospital y en la UCI, el cumplimiento de buenas prácticas y las tasas de complicaciones.
Los resultados mostraron que la tasa de mortalidad hospitalaria fue de 13,6% antes de la intervención y de 11,8% durante el período de tele-UCI. El período de intervención tele-UCI también se asoció con tasas más altas de cumplimiento de buenas prácticas clínicas para protección cardiovascular y prevención de la trombosis venosa profunda (TVP), de úlceras por estrés y de neumonía asociada a ventilación mecánica (NAVM), con menores tasas de complicaciones prevenibles. Los pacientes en el período de tele-UCI tuvieron estancias hospitalarias más cortas (9,8 días frente a 13,3), con resultados similares para unidades de cuidados intensivos generales, quirúrgicos y cardiovasculares.
“Es una señal muy fuerte y muy clara de que la tecnología de tele-UCI funciona. Los lugares con muy buenos cuidados intensivos pueden mejorar aún más la atención crítica con ella” dijo la autora principal Craig Lilly, MD, directora del programa de Tele-UCI de la UMMS. “El sistema aprovecha la tecnología y la experiencia clínica para brindar atención adecuada a las 3 a.m. El problema es que no se puede estar allí 24/7, pues hay que dormir y estar con la familia”.
El equipo de tele-UCI externa, que incluía un intensivista, podía comunicarse con los médicos de cabecera o directamente tratar a los pacientes mediante el registro de órdenes del médico para exámenes, tratamientos, consultas y manejo de dispositivos de soporte vital. Entre las responsabilidades del equipo estaban revisar la atención a los pacientes, realizar auditorías en tiempo real del cumplimiento de buenas prácticas, controlar alertas producidas por el sistema electrónico de monitorización, hacer auditoría a las respuestas del médico de cabecera a las alarmas en la habitación e intervenir cuando se retrasaba la respuesta del médico de cabecera y se consideraba que el paciente estaba fisiológicamente inestable.
Enlace relacionado:
University of Massachusetts Medical School

























