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Monitoreo electrodiagnóstico de ondas cerebrales predice accidente cerebrovascular isquémico inminente

Por el equipo editorial de HospiMedica en español
Actualizado el 13 Apr 2022
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Imagen: Imágenes de resonancia magnética del cerebro tomadas los días 2, 6 y 13 después de una hemorragia subaracnoidea (Fotografía cortesía de Charité – Universitätsmedizin Berlin)
Imagen: Imágenes de resonancia magnética del cerebro tomadas los días 2, 6 y 13 después de una hemorragia subaracnoidea (Fotografía cortesía de Charité – Universitätsmedizin Berlin)

La hemorragia subaracnoidea es un tipo de accidente cerebrovascular causado por una hemorragia en el espacio entre las membranas protectoras que rodean el cerebro. Este tipo de ictus hemorrágico representa una emergencia neurológica, por lo que los pacientes con este tipo de ictus requieren cuidados intensivos inmediatos. Cuando el suministro de sangre normal del cerebro se interrumpe debido a un bloqueo agudo en lugar de una hemorragia cerebral, esto se denomina accidente cerebrovascular isquémico. Sin embargo, un accidente cerebrovascular isquémico también puede ocurrir como resultado de una hemorragia subaracnoidea. Más de la mitad de todos los pacientes que han tenido una hemorragia subaracnoidea grave desarrollarán un accidente cerebrovascular isquémico dentro de las primeras dos semanas después de la hemorragia cerebral.

Investigadores de Charité – Universitätsmedizin Berlin (Berlín, Alemania) han demostrado que las ondas electroquímicas masivas en el cerebro actúan como un marcador que anuncia un accidente cerebrovascular isquémico inminente. El monitoreo de electrodiagnóstico de estas ondas permite a los médicos identificar tempranamente los signos de un accidente cerebrovascular inminente, particularmente en pacientes comatosos que reciben cuidados intensivos después de una hemorragia subaracnoidea. Los hallazgos podrían servir como base para el desarrollo de nuevos tratamientos. Los investigadores de Charité han identificado un biomarcador que indica que un paciente tiene un alto riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular inminente después de una hemorragia subaracnoidea.

El descubrimiento se basó en un fenómeno conocido como "despolarizaciones en expansión", ondas masivas de liberación de energía electroquímica causadas por los subproductos tóxicos de la descomposición de la sangre después de un accidente cerebrovascular hemorrágico. Las áreas afectadas del cerebro requieren grandes cantidades de energía para restaurar las condiciones normales. En un cerebro sano, los períodos muy breves de despolarización (un cambio en el potencial de la membrana) de las células nerviosas son normales y están relacionados con el suministro de sangre: el cerebro puede ensanchar los vasos sanguíneos según sea necesario, equilibrando así el aumento de las necesidades energéticas con un aumento del flujo sanguíneo. Sin embargo, después de una hemorragia subaracnoidea, las despolarizaciones patológicamente masivas y de larga duración pueden interrumpir las cascadas de señalización entre las células nerviosas y los vasos sanguíneos, de modo que la despolarización de las células nerviosas desencadena una constricción extrema de los vasos sanguíneos. Esto, a su vez, priva a las células nerviosas de energía, haciéndolas incapaces de restaurar los gradientes electroquímicos normales. Si la despolarización persiste durante demasiado tiempo, estas células nerviosas comenzarán a morir.

Este fue el punto de partida del estudio clínico actual, que se llevó a cabo en cinco hospitales universitarios diferentes. Para tomar medidas precisas de la propagación de las despolarizaciones, los investigadores emplearon electrocorticografía, un procedimiento utilizado para medir la actividad cerebral en pacientes neurológicos en cuidados intensivos. Para permitir este tipo de mediciones, a los pacientes ingresados ​​con hemorragia subaracnoidea se les implantaron electrodos debajo de la duramadre (la membrana externa resistente del cerebro). Los investigadores también utilizaron tecnologías de imágenes como la resonancia magnética nuclear (RMN) y la tomografía computarizada (TC), analizando aproximadamente 1.000 escáneres cerebrales de 180 pacientes con hemorragia subaracnoidea. El estudio clínico más grande hasta la fecha sobre la propagación de las despolarizaciones reveló que el paciente promedio pierde 46 mililitros de tejido cerebral durante la fase temprana después de la hemorragia cerebral, es decir, cuando llega al hospital. El paciente promedio luego pierde otros 36 mililitros de tejido cerebral durante las primeras dos semanas después de la hemorragia, es decir, mientras está en cuidados intensivos.

Este enfoque sigue los principios de la medicina de precisión, cuyo objetivo es adaptar los tratamientos a las necesidades de cada paciente. Los investigadores planean probar el monitoreo de la despolarización extendida como un sistema de alerta temprana para su uso en la práctica clínica de rutina, donde esperan que ayude a mejorar las opciones de tratamiento para las personas con accidente cerebrovascular. Es probable que los métodos basados ​​en inteligencia artificial desempeñen un papel importante en este sentido. El análisis automatizado de los datos de electrodiagnóstico será necesario para garantizar que los médicos de cuidados intensivos reciban una notificación en tiempo real cuando el tejido cerebral de un paciente inconsciente esté en riesgo de sufrir más daños.

"Es difícil juzgar cuándo se podría estar desarrollando un nuevo accidente cerebrovascular, especialmente en pacientes que están en coma y, por lo tanto, no pueden decirnos nada sobre su estado de salud", explicó el primer autor, el Prof. Dr. Jens Dreier del Centro de Investigación de Accidentes Cerebrovasculares de Charité. “En nuestro estudio, hemos demostrado que el monitoreo de electrodiagnóstico hace visible este momento. Esto significa que el tratamiento puede iniciarse a tiempo, incluso en pacientes comatosos, antes de que sea demasiado tarde”.

Enlaces relacionados:
Charité – Universitätsmedizin Berlín  


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