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Microrobots biohíbridos basados en bacterias buscan y destruyen células tumorales

Por el equipo editorial de HospiMedica en español
Actualizado el 01 Aug 2022
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Imagen: Microrobots biohribridos basados ​​en bacterias en una misión para combatir el cáncer algún día (Fotografía cortesía del Instituto Max Planck para Sistemas Inteligentes)
Imagen: Microrobots biohribridos basados ​​en bacterias en una misión para combatir el cáncer algún día (Fotografía cortesía del Instituto Max Planck para Sistemas Inteligentes)

Las bacterias E. coli son nadadoras rápidas y versátiles que pueden navegar a través de materiales que van desde líquidos hasta tejidos altamente viscosos. Pero eso no es todo, también tienen capacidades de detección muy avanzadas. Las bacterias se sienten atraídas por los gradientes químicos, como los bajos niveles de oxígeno o la alta acidez, ambos prevalentes cerca del tejido tumoral. El tratamiento del cáncer mediante la inyección de bacterias en las proximidades se conoce como terapia tumoral mediada por bacterias. Los microorganismos fluyen hacia donde se encuentra el tumor, allí crecen y de esta manera activan el sistema inmunológico de los pacientes. La terapia tumoral mediada por bacterias ha sido un enfoque terapéutico durante más de un siglo. Durante las últimas décadas, los científicos han buscado formas de aumentar, aún más, los superpoderes de este microorganismo. Equiparon a las bacterias con componentes adicionales para ayudar a pelear la batalla. Sin embargo, agregar componentes artificiales no es tarea fácil. Entran en juego reacciones químicas complejas, y la tasa de densidad de las partículas cargadas en las bacterias es importante para evitar la dilución. Ahora, los científicos han combinado la robótica con la biología al equipar a la bacteria E. coli con componentes artificiales para construir microrobots biohíbridos.

Un equipo de científicos del Departamento de Inteligencia Física del Instituto Max Planck para Sistemas Inteligentes (Stuttgart, Alemania) adjuntó varios nanoliposomas a cada bacteria. En su círculo exterior, estos portadores de forma esférica encierran un material (ICG, partículas verdes) que se derrite cuando se ilumina con luz infrarroja cercana. Más hacia el medio, dentro del núcleo acuoso, los liposomas encapsulan moléculas de fármacos quimioterapéuticos solubles en agua (DOX). El segundo componente que los investigadores adhirieron a la bacteria son las nanopartículas magnéticas. Cuando se exponen a un campo magnético, las partículas de óxido de hierro sirven como refuerzo superior para este microorganismo que ya es muy móvil. De esta manera, es más fácil controlar el nado de bacterias: un diseño mejorado para una aplicación in vivo. Mientras tanto, la cuerda que une los liposomas y las partículas magnéticas a la bacteria es un complejo de estreptavidina y biotina muy estable y difícil de romper, que se desarrolló unos años antes y es útil para construir microrobots biohíbridos.

Los científicos lograron equipar a 86 de 100 bacterias con liposomas y partículas magnéticas. Mostraron cómo lograron dirigir externamente una solución de tan alta densidad a través de diferentes cursos. Primero, a través de un canal angosto en forma de L con dos compartimentos en cada extremo, con un esferoide tumoral en cada uno. En segundo lugar, una configuración aún más estrecha parecida a pequeños vasos sanguíneos. Agregaron un imán permanente adicional en un lado y mostraron cómo controlan con precisión los microrobots cargados de fármacos hacia los esferoides tumorales. Y tercero, yendo un paso más allá, el equipo condujo los microrobots a través de un gel de colágeno viscoso (que se asemeja al tejido tumoral) con tres niveles de rigidez y porosidad, que van de suave a medio a rígido.

Cuanto más rígido es el colágeno, más estrecha es la red de cadenas de proteínas, más difícil se vuelve para las bacterias encontrar un camino a través de la matriz. El equipo demostró que una vez que agregan un campo magnético, las bacterias logran navegar hasta el otro extremo del gel ya que las bacterias tenían una fuerza mayor. Debido a la alineación constante, las bacterias encontraron un camino a través de las fibras. Una vez que los microrobots se acumulan en el punto deseado (el esferoide tumoral), un láser de infrarrojo cercano genera rayos con temperaturas de hasta 55 grados centígrados, desencadenando un proceso de fusión del liposoma y la liberación de los fármacos incluidos. Un nivel de pH bajo o un ambiente ácido también hacen que los nanoliposomas se rompan, por lo que los medicamentos se liberan automáticamente cerca de un tumor.

“Imagínese que inyectáramos tales microrobots basados en bacterias en el cuerpo de un paciente con cáncer. Con un imán, podríamos dirigir con precisión las partículas hacia el tumor. Una vez que suficientes microrobots rodean el tumor, apuntamos un láser al tejido y así activamos la liberación del fármaco. Ahora, no solo se activa el sistema inmunitario para que se despierte, sino que los medicamentos adicionales también ayudan a destruir el tumor”, dijo Birgül Akolpoglu, Ph.D. estudiante del Departamento de Inteligencia Física del MPI-IS. “Esta entrega en el lugar sería mínimamente invasiva para el paciente, sin dolor, con una toxicidad mínima y los medicamentos desarrollarían su efecto donde se necesita y no dentro de todo el cuerpo”.

“Los microrobots biohíbridos basados en bacterias con funcionalidades médicas podrían algún día combatir el cáncer de manera más efectiva. Es un nuevo enfoque terapéutico no muy alejado de cómo tratamos el cáncer hoy en día”, agregó el Prof. Dr. Metin Sitti, quien dirige el Departamento de Inteligencia Física. “Los efectos terapéuticos de los microrobots médicos en la búsqueda y destrucción de células tumorales podrían ser sustanciales. Nuestro trabajo es un gran ejemplo de investigación básica que tiene como objetivo beneficiar a nuestra sociedad”.

Enlaces relacionados:
Instituto Max Planck para Sistemas Inteligentes  


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